Estaba pensando en que este asunto de la igualdad, como tantos otros, tiene mucho
que ver con la forma de mirar. A veces las cosas no son como son sino como las
vemos o como las queremos ver. Y así nos pasa en algunas ocasiones a los
periodistas. Que miramos con prisa. Y así, sin darnos cuenta, le ponemos una
zancadilla a la igualdad.
Lo dice el informe del Consejo Audiovisual de Andalucía sobre la presencia
de las mujeres en los informativos. Se recurre menos a ellas (ocupan un 25% del
tiempo, frente al 75% de los testimonios de los hombres) y para continuar los tópicos:
si necesitamos declaraciones de educación o sanidad, buscamos mujeres. Si los
temas son de ciencia, economía, deporte o universidad, buscamos un hombre. Y
creo de verdad que lo hacemos de forma inconsciente, natural. Será que vamos
con prisa.
Hablar de parar en el periodismo suena a contradicción. Pero es
tiempo de crisis y por eso es la hora de repensar y de imaginar contradicciones
interesantes. Yo creo que deberíamos empezar a aplicar el periodismo 'slow',
periodismo lento (al modo de los movimientos de comida ‘slow’) para evitar que
la inercia ponga en las noticias trampas a la igualdad en particular, y a la
realidad en general.
Y aunque creo que esto del periodismo lento ya está más que inventado
(Vicente Romero lo hace casi todas las semanas en Informe Semanal) parto una lanza por él hoy. No sólo para los
grandes reportajes sino para las noticias pequeñas y para las del día a día.
Para aquellos días en los que la hora del cierre nos acosa. Es sólo un freno: 10 minutos posibles. Los
que dedica un profesional a buscar un total, a pensar en una declaración, una entrevista breve. Son 10 minutos. Un instante pequeño para
repensar la realidad. Para pensar que
las mujeres también estamos allí, donde antes no nos dejaban estar. Es una realidad que existe y hacerla visible es importante para no ir hacia atrás.
Hay más gente pensando en ello. Como la Asociación de la Prensa de Sevilla,
que está elaborando una guía de expertas para periodistas. Y, en pequeño, esos
10 minutos creo yo que ayudarían.
Para empezar a cambiar nuestra forma de mirar. Para que la realidad, mis niñas,
cambie poco a poco para vosotras.
Un montón de conversaciones sobre si las mujeres tenemos o no "neuronas especiales para planchar y lavar", sobre si podemos o no podemos, si debemos o no debemos, si hacemos o dejamos de hacer, sobre lo que fueron y lo que seremos, sobre lo que los hombres pueden o deben hacer. Este es un blog para vosotras, mis niñas, porque vuestra madre le da muchas vueltas a estas cosas. Muchas vueltas. Y para todos los que alguna vez piensen en estos temas
La forma de mirar o el periodismo 'slow'
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igualdad,
miradas,
mujer,
periodismo,
realidad
La escuela que yo quiero (y más en tiempos de crisis)
La escuela que yo quiero para vosotras no es la que
garantiza educación para todos sino la que asegura BUENA educación para todos.
Porque no es de mínimos, sino con tendencia a los máximos. Una escuela tan
buena que irán hijos de príncipes y taxistas, como en Dinamarca. Una escuela en
la que los grandes o los habilidosos ayudan a los pequeños o menos capaces. Porque
no es tan importante llegar lejos si llegamos solos y nos dejamos a muchos atrás.
Me gustaría una escuela en la que cupieran todos, en la que
la diferencia sea un regalo pese a la dificultad. En la que aprendáis cómo es
la vida, que hay niños y niñas, que hay grandes y pequeños, que hay más países
de donde vienen más niños, que no todos tenemos las mismas costumbres y no todo
lo ajeno es rechazable. Los resultados son importantes (y lo dice una
empollona) pero no tanto como para olvidar lo más importante: las personas. Yo quiero
una escuela en la que no se os dé por perdidas nunca: cada niño despierta en
momentos distintos, y hay que estar ahí para verlo.
Por eso necesito una escuela con profesores emocionados,
respetados y que enseñen de lo que saben. Que os valoren no sólo por vuestras
calificaciones. Un lugar donde aprendáis a pensar, a imaginar y, sobre todo, a
preguntar. Y lo hagáis con la mente y con las manos.
Y la voy a querer
pública. Para todos. Aunque yo haya estudiado en un colegio concertado.
Sé que esto es una carta a los reyes magos. Que la escuela
no lo puede todo, que me llevaré decepciones y que a vuestro padre y a mí nos va a tocar mucho también: prometo poner de mi parte.
En fin, que está el país en pleno debate educativo. Es tiempo de recortes para la escuela. Y a
nosotros, el año que viene, nos toca elegir colegio para vosotras.
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Frases perversas
Frase escuchada hoy en el trabajo. "... ya tenemos el número de guarderías que hay en la Universidad para las madres...". En la Red: "El horario de adaptación de las escuelas trae locas a las madres trabajadoras...". Son frases. No tienen mayor importancia. Pero, a veces, lo más perverso está en la frase más inocente. Parece que siguen describiendo una realidad a la que le cuesta crecer. Esa realidad en la que la conciliación es sólo cosa de las mujeres, en la que el horario de la escuela es asunto de madres.
Yo me resisto a creer que siempre es así, a admitir que la vida sigue siendo de esta manera: me resisto a no incluir a los padres en esas frases; me defiendo tontamente de ellas. Porque por algún sitio hay que empezar. Porque a vosotras os lleva a la guardería papá. Porque no es el único padre que lo hace y le importa. Porque ellos también tienen que incluirse y pensar en lo bueno que sería tener guarderías en la universidad para poder llevar a sus hijos cerca, porque los hay que comparten el horario de adaptación con sus hijos. Por ellos, por mí y por vosotras. Me resisto y me seguiré defendiendo de todas esas frases perversas.
Yo me resisto a creer que siempre es así, a admitir que la vida sigue siendo de esta manera: me resisto a no incluir a los padres en esas frases; me defiendo tontamente de ellas. Porque por algún sitio hay que empezar. Porque a vosotras os lleva a la guardería papá. Porque no es el único padre que lo hace y le importa. Porque ellos también tienen que incluirse y pensar en lo bueno que sería tener guarderías en la universidad para poder llevar a sus hijos cerca, porque los hay que comparten el horario de adaptación con sus hijos. Por ellos, por mí y por vosotras. Me resisto y me seguiré defendiendo de todas esas frases perversas.
Leire
Niñas, tal y como se están desarrollando los acontecimientos, olvidaros de ser ministras de sanidad. La cosa se está poniendo difícil. Por lo visto el puesto exige cuerpo escultural y una declaración jurada de que uno practica la dieta mediterránea a diario y se ha quitado de los donuts. Hay que incluirlo en un anexo del currículum. Lo cuentan en El Mundo, consultando a dietistas y todo. No lo dice así, por supuesto que no, pero recomienda a Leire Pajín, actual ministra del ramo, que se ponga a dieta y pierda de 5 a 10 kilitos. Ahí es nada. Yo he visto la foto de la ministra, y creo que tampoco voy a poder optar al cargo. Pero ya sabéis que me molesta que se os cierren puertas.
Tengo que confesaros que me he quedado un poco sorprendida porque, por más que repaso la lista de ministros sanitarios de la democracia, (Ernest Lluch, Julián García Vargas; Julián García Valverde; José Antonio Griñán; Ángeles Amador; José Manuel Romay Beccaría ; Celia Villalobos; Ana Pastor; Elena Salgado; Bernart Soria y Trinidad Jiménez) no tenía noticia de que en el Ministerio también se exigiera el “bonitismo”.
Y creo que todo se debe al mismo ánimo generoso, al mismo deseo de generar interés. En este caso, confluyen dos intereses: el de vender periódicos, que la prensa también está en crisis (pobre Mundo); y un altruista deseo de Pedro J Ramírez por fomentar el interés por la política, que no vive sus mejores días (y seguro que un secreto interés por la salud de la ministra). Aunque yo me decantaría, más que por la dieta, que lo mismo es muy exigente, por otras grandes propuestas.
He pensado en crear una comisión por el fomento de la política que proponga que las parlamentarias midan no menos de 1.70 y vistan obligatoriamente con escote y falda estrecha, que nada de permitir en los actos militares ministras con pantalones (intolerable) y que la mantilla sea indispensable para los actos políticos de envergadura. También creo que el parlamentarismo masculino tendrá que hacer su aportación y que los señores políticos tendrán que vestir pantalón corto apretadito en verano y en invierno, camiseta prieta (pese a los deseos de Bono), y hacer abdominales para lucir tableta, que si no va a haber un sector de la población que no va a ver los debates parlamentarios ni bajo los efectos del alcohol. Claro que habrá que estudiar los casos porque puede que algunos no contribuyan a la atracción por la política sino a la mofa generalizada. Todo sea por la causa.
Aunque tengo que reconocer que la idea no es mía. Me han inspirado los grandes gurús del marketing deportivo. Ideas similares las han propuesto ya para el baloncesto (aunque las jugadoras se han negado a ir con una talla menos para aumentar el interés por su deporte, incomprensible); yo hubiera propuesto que fueran todas rubias, que para las retransmisiones es mucho más vistoso. Lo han pensado también para las jugadoras del bádminton (que tampoco han querido, no me lo explico); y el tenis femenino es más seguido que nunca gracias a las faldas más cortas y a los modelos enseñando muslo en la cancha.
En fin, que el debate y las ideas están ahí porque está visto que las mujeres por nuestras ideas y méritos no despertamos interés. Que, o nos ponen una buena dosis de buen tipo, carne bien distribuida y modelo que lo acompañe, o no es lo mismo. No damos igual en la imagen, ni en los consejos de dirección ni nada. Y las ministras menos, claro. Ah, pero cuidado. Que si nos pasamos de escote y carne, lo mismo tenemos que aguantar que nos llamen putones, como el señor ex portavoz del Gobierno de Aznar.
PD1: Me pregunto qué pensaba la periodista (sí, mujer) cuando escribía el artículo sobre Leire Pajín. Supongo que le resultaría graciosísimo. Valgan los criterios de oportunidad, interés, rigor, ética e importancia. Que cada uno juzgue, pero dedicar una página a este asunto con lo que cuesta el papel es una lástima.
Tengo que confesaros que me he quedado un poco sorprendida porque, por más que repaso la lista de ministros sanitarios de la democracia, (Ernest Lluch, Julián García Vargas; Julián García Valverde; José Antonio Griñán; Ángeles Amador; José Manuel Romay Beccaría ; Celia Villalobos; Ana Pastor; Elena Salgado; Bernart Soria y Trinidad Jiménez) no tenía noticia de que en el Ministerio también se exigiera el “bonitismo”.
Y creo que todo se debe al mismo ánimo generoso, al mismo deseo de generar interés. En este caso, confluyen dos intereses: el de vender periódicos, que la prensa también está en crisis (pobre Mundo); y un altruista deseo de Pedro J Ramírez por fomentar el interés por la política, que no vive sus mejores días (y seguro que un secreto interés por la salud de la ministra). Aunque yo me decantaría, más que por la dieta, que lo mismo es muy exigente, por otras grandes propuestas.
He pensado en crear una comisión por el fomento de la política que proponga que las parlamentarias midan no menos de 1.70 y vistan obligatoriamente con escote y falda estrecha, que nada de permitir en los actos militares ministras con pantalones (intolerable) y que la mantilla sea indispensable para los actos políticos de envergadura. También creo que el parlamentarismo masculino tendrá que hacer su aportación y que los señores políticos tendrán que vestir pantalón corto apretadito en verano y en invierno, camiseta prieta (pese a los deseos de Bono), y hacer abdominales para lucir tableta, que si no va a haber un sector de la población que no va a ver los debates parlamentarios ni bajo los efectos del alcohol. Claro que habrá que estudiar los casos porque puede que algunos no contribuyan a la atracción por la política sino a la mofa generalizada. Todo sea por la causa.
Aunque tengo que reconocer que la idea no es mía. Me han inspirado los grandes gurús del marketing deportivo. Ideas similares las han propuesto ya para el baloncesto (aunque las jugadoras se han negado a ir con una talla menos para aumentar el interés por su deporte, incomprensible); yo hubiera propuesto que fueran todas rubias, que para las retransmisiones es mucho más vistoso. Lo han pensado también para las jugadoras del bádminton (que tampoco han querido, no me lo explico); y el tenis femenino es más seguido que nunca gracias a las faldas más cortas y a los modelos enseñando muslo en la cancha.
En fin, que el debate y las ideas están ahí porque está visto que las mujeres por nuestras ideas y méritos no despertamos interés. Que, o nos ponen una buena dosis de buen tipo, carne bien distribuida y modelo que lo acompañe, o no es lo mismo. No damos igual en la imagen, ni en los consejos de dirección ni nada. Y las ministras menos, claro. Ah, pero cuidado. Que si nos pasamos de escote y carne, lo mismo tenemos que aguantar que nos llamen putones, como el señor ex portavoz del Gobierno de Aznar.
PD1: Me pregunto qué pensaba la periodista (sí, mujer) cuando escribía el artículo sobre Leire Pajín. Supongo que le resultaría graciosísimo. Valgan los criterios de oportunidad, interés, rigor, ética e importancia. Que cada uno juzgue, pero dedicar una página a este asunto con lo que cuesta el papel es una lástima.
Números y palabras
Números. Las tragedias están llenas de números.3, 21, 77, 24 , 85, 13.704. 3 han sido los últimos muertos a causa de la violencia machista. 3 hombres, además. 21 años tiene el más joven de los hombres que ha matado a su pareja en lo que llevamos de 2011 en Andalucía. 77 años, el mayor. 13.704, el número de denuncias por maltrato de 2010. 85, el total de mujeres que murieron en 2010. 24, las víctimas muertas en 2011 (ahora, más 3 hombres, parece), como se dice estos días en la red, a manos de alguien que les decía que les quería. Y parece que en estos números sólo hay sumas, las que aumentan un contador que no se detiene.
Menos mal que algunos números no cargan con todo el peso de la tragedia sino que la alivian un poco: 016, el teléfono único de denuncias por maltrato; 28 de diciembre, la fecha de la ley orgánica de 2004 que convirtió este abuso en “delito” .
Palabras. Las tragedias están llenas de palabras. Y de frases. Las que se dicen y las que se piensan. Mía, mío, tonto, inútil, no vales para nada, no vales nada, cabeza de familia, aquí mando yo, eso no es de hombres, eso no es para una mujer, vergüenza, no te doy permiso, control, dolor, humillación, dolor, lágrima, pena, contradicción, te prohíbo,envidia, posesión, la culpa es tuya, golpe, delito, más dolor.
Y pasa que todos esos números y palabras se cargan al principio de todo: cuando eres niño. O niña. Se alimentan por el camino (me inquietan y preocupan estudios que ponen a los jóvenes como protagonistas en casos de la violencia, o como encubridores de comportamientos humillantes, como justificadores de lo
injustificable o simplemente como ejemplos de una cultura en la que hasta el cortejo es agresivo). Y no acaban bien.
Estaría bien que los números cambiaran. Que 21 sea la edad a la que visitéis Londres, que 85 sean los años que duren vuestros amores, que 77 sea el número de amigos de vuestra pandilla; el 13.704, el de la lotería ganadora y el 016 no haga falta y se convierta en el teléfono del pizzero.
Sólo espero que seamos capaces de cambiar vuestra escena, la que se está construyendo ahora; la que estamos construyendo ahora entre todos. Que para entonces hayan cambiando los números. Y las palabras.
Y que no tengamos esa dolorosa sensación de estar contando/ hablando siempre de lo mismo.
Y sí, hoy también estoy hablando de igualdad. Y de democracia.
Menos mal que algunos números no cargan con todo el peso de la tragedia sino que la alivian un poco: 016, el teléfono único de denuncias por maltrato; 28 de diciembre, la fecha de la ley orgánica de 2004 que convirtió este abuso en “delito” .
Palabras. Las tragedias están llenas de palabras. Y de frases. Las que se dicen y las que se piensan. Mía, mío, tonto, inútil, no vales para nada, no vales nada, cabeza de familia, aquí mando yo, eso no es de hombres, eso no es para una mujer, vergüenza, no te doy permiso, control, dolor, humillación, dolor, lágrima, pena, contradicción, te prohíbo,envidia, posesión, la culpa es tuya, golpe, delito, más dolor.
Y pasa que todos esos números y palabras se cargan al principio de todo: cuando eres niño. O niña. Se alimentan por el camino (me inquietan y preocupan estudios que ponen a los jóvenes como protagonistas en casos de la violencia, o como encubridores de comportamientos humillantes, como justificadores de lo
injustificable o simplemente como ejemplos de una cultura en la que hasta el cortejo es agresivo). Y no acaban bien.
Estaría bien que los números cambiaran. Que 21 sea la edad a la que visitéis Londres, que 85 sean los años que duren vuestros amores, que 77 sea el número de amigos de vuestra pandilla; el 13.704, el de la lotería ganadora y el 016 no haga falta y se convierta en el teléfono del pizzero.
Sólo espero que seamos capaces de cambiar vuestra escena, la que se está construyendo ahora; la que estamos construyendo ahora entre todos. Que para entonces hayan cambiando los números. Y las palabras.
Y que no tengamos esa dolorosa sensación de estar contando/ hablando siempre de lo mismo.
Y sí, hoy también estoy hablando de igualdad. Y de democracia.
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