Frase escuchada hoy en el trabajo. "... ya tenemos el número de guarderías que hay en la Universidad para las madres...". En la Red: "El horario de adaptación de las escuelas trae locas a las madres trabajadoras...". Son frases. No tienen mayor importancia. Pero, a veces, lo más perverso está en la frase más inocente. Parece que siguen describiendo una realidad a la que le cuesta crecer. Esa realidad en la que la conciliación es sólo cosa de las mujeres, en la que el horario de la escuela es asunto de madres.
Yo me resisto a creer que siempre es así, a admitir que la vida sigue siendo de esta manera: me resisto a no incluir a los padres en esas frases; me defiendo tontamente de ellas. Porque por algún sitio hay que empezar. Porque a vosotras os lleva a la guardería papá. Porque no es el único padre que lo hace y le importa. Porque ellos también tienen que incluirse y pensar en lo bueno que sería tener guarderías en la universidad para poder llevar a sus hijos cerca, porque los hay que comparten el horario de adaptación con sus hijos. Por ellos, por mí y por vosotras. Me resisto y me seguiré defendiendo de todas esas frases perversas.
Un montón de conversaciones sobre si las mujeres tenemos o no "neuronas especiales para planchar y lavar", sobre si podemos o no podemos, si debemos o no debemos, si hacemos o dejamos de hacer, sobre lo que fueron y lo que seremos, sobre lo que los hombres pueden o deben hacer. Este es un blog para vosotras, mis niñas, porque vuestra madre le da muchas vueltas a estas cosas. Muchas vueltas. Y para todos los que alguna vez piensen en estos temas
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