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No se meta en mis jardines


Señor Gallardón
Lo de mi relación con usted va a empezar a dar para un epistolario con tanta carta. Pero es que se mete en mis jardines  usted solo. ¿Quién le ha dado vela en este entierro? Entiendo sus razones. Es tiempo de ganar posiciones en su Partido  ahora que el señor presidente está de capa caída, y ganarse a un electorado que le estaba viendo tibio, porque usted siempre ha sido el "progre" del PP de toda la vida y eso no gana votantes ahora mismo. También es verdad que ese nicho de voto reparte velas para los entierros de todos. Pero dígame ¿qué hemos hecho la mitad de la población del país para que nos escoja como bandera?

Ya sé que estamos en crisis y para no hablar de la desorbitada prima de riesgo mejor lanzamos globos sonda/bomba y que se hable de otras cosillas en vez de la caída en picado del país. Pero verá, es que este tema no es exactamente otra cosilla. Es que no me vale como cortina de humo. Es que afectará a la capacidad de todas las mujeres españolas. ¿Por qué no escoge otro chivo expiatorio? Mire que enseguida empiezan las olimpiadas y el traje oficial da para más de lo que parece. Pregúntele a Esperanza Aguirre que ella sí que sabe sobre polémicas y cortinas de humo. Ah, no, que no se gustan.

Igual necesita que alguien le explique que no por ser ministro de Justicia tiene que tocar todas las leyes. Que lo suyo es mejorar el funcionamiento de la Justicia entre otras cosas. Que lo de legislar lo hace el Parlamento y que, en este caso concreto, lo mismo tendría que salir la propuesta del ministerio de Salud, Servicios Sociales e Igualdad (es una sugerencia).

Ya le comenté en otra ocasión que casi mejor que no me defendiera. De verdad yo le agradezco su interés pero no se moleste. Y no me haga la trampa de "... como en otros países europeos". Porque países europeos hay muchos y al final siempre me va a escoger el que más atrás se haya remontado en la historia de la humanidad, que le veo venir, ladrón. Que muchos como usted tienen esa fea costumbre de ir hacia atrás en vez de hacia delante por falta de creatividad. Que si me va a poner de ejemplo a Europa, le respondo con Europa, y con los datos del Centro de Derechos Reproductivos a los que te remite la página  de la ONU (sí, ese organismo). Y resulta que en el listado de países en los que no se establecen "razones" para el aborto ("no hay restricciones en cuanto a la razón") están Suiza, Alemania, Dinamarca... para otras cosas tan importantes referentes.

Ay, señor Gallardón, me solivianta usted. Que se mete en mis jardines. No me haga escribirle más cartas que esto se va a parecer a una relación consolidada. Y, sinceramente, no es mi tipo.



Odio a Peter Pan

Odio a Peter Pan. Como el capitán Garfio. Sólo desde el sábado. Y siempre me ha encantado. Pero ahora odio a Peter Pan. Al menos un poco.

La culpa es de la mirada de género. Porque te pones las gafas y lo ves todo. Porque nunca me había fijado en esa Campanilla mirándose las caderas en el espejo por si está gorda, en la pandilla de sirenas celosas y puñeteras, en los indios diciéndole a Wendy que las mujeres no pueden bailar, ni en el padre de los niños que queda a la altura del betún como el típico padre gruñón con imaginación cero y sensibilidad nula. Pero ahí están. Ya sé, ya sé. La película es de 1953, basada en un libro hijo de una época. Si está claro. Si el contexto es el contexto.  Pero ahí están. ¿Me lío la manta a la cabeza y digo "Aquí no se ven más películas moña"?¿Cuánto influirán los dibujos en ellas? Me queda la duda.

Siempre les puedo poner a mis hijas "El libro de la Selva" que, total, no tiene mujeres más que al final y Bagueera es un cañón. Así la cosa no se nota mucho. O Tom y Jerry, que el patrimonio de las persecuciones es de todos los géneros. Porque como me ponga a repasar a Blancanieves (ese momento “os limpio la casita”) , a Cenicienta o a La bella durmiente (con su objetivo matrimonial como destino), es para echarse las manos a la cabeza. Con ellas ya era consciente de sus pegas pero, ay, de Peter Pan no me lo esperaba. De todo el elenco princesas me quedo con la Bella, que por lo menos lee; o con Mulán, que la muchacha tiene su carácter. Si me apuras, también con la Sirenita, que se lanza a la aventura ella sola. O hasta con la muchacha de Tarzán, que es científica (oh, rareza). Pero como me ponga a analizar todas las películas y dibujitos con filtro me va a dar un infarto de género.

Y me niego, oiga. Así que este recién nacido resentimiento por Peter Pan creo que lo voy a relativizar un poco. Porque lo grave en realidad es que no hace falta remontarse a 1953 para ver películas que me quiten el sueño igualitario a golpe de abnegación. Barbie tiene una buena colección bien reciente de películas ilustrativas (claro, que yo nunca he podido con Barbie y temo el día en el que me pidan una mis hijas). O el Pequeño Pony que tiene serie y película para morir ahogado en almíbar.

O esos bonitos complejos para madres e hijas que alimentan el mundo de la fantasía monocroma del rosa feliz para convertirnos a “todas” en  princesas Miss Sunshine de película y desfilar. Y que conste que yo no tengo ningún problema en que mis hijas se vistan de princesas. O de dinosaurios, o de piratas, o de trogloditas, o de reinas del desierto y brujas (este es mi favorito).

Así que voy a tener que buscar una decisión salomónica e intentaré compensar la sobredosis de felicidad Disney (que yo he visto todas, confieso) con cuentos y películas que aporten otros modelos (Se me ocurre a bote pronto un Edad de Hielo pero se admiten recomendaciones). Que hay que ver de todo en la viña audiovisual. Hasta para poder opinar.

De momento, voy a intentar rebajar mi preocupación para no morir de exceso de visión y porque, en realidad, mis hijas ahora lo que quieren ser es Peter Pan y los piratas. Intentaré llegar a un entente cordial con mi mirada de género para disfrutar de los dibujos (que siempre me han gustado), y confío en que, dentro de poco, todo se pueda explicar. Que enseñe a mis hijas a hacer preguntas. Y tenga respuestas que ofrecer.

De parte de las 60 princesas muertas


Erase una vez una princesa desvalida, un caballero valiente, un amor abnegado, una promesa de protección y otra de posesión. Y ahí empieza todo. Porque, desde siempre, nos enseñan un comieron felices, unas perdices cocinadas siempre por ellas, y un “no sin mi príncipe”. Sin preguntas, como gustan las ruedas de prensa ahora.

Erase una vez una princesa preguntona. Y ahí se empieza a complicar el cuento ¿Y si el príncipe también está desvalido? ¿Y si yo no tanto? ¿Y si no me va nada eso del amor abnegado? ¿Y si no quiero que nadie me proteja? ¿Y si quiero que mejor me cuiden y cuidar yo? ¿Y si las perdices las compro cocinadas y puedo hacer cosas yo sola, sin el príncipe en cuestión? ¿Y si puedo hacer las mismas cosas que el príncipe, luchar en sus mismas batallas y elegir algo más que mi pareja de baile? ¿Y si mi vida no es un punto y seguido de la de mi príncipe?

Pero hay muchas princesas que no han tenido muchas oportunidades de formular las preguntas adecuadas. Ni siquiera han tenido fuerzas o tiempo suficiente para hacerlo. Ahora ya no pueden. Son 60. Y son sólo las de 2011. Muertas.

Y han muerto por violencia machista. Que no es violencia “en el entorno familiar” si no en el entorno social, que pasa y pasa y pasa. Porque no somos paranoicos las y los que vemos comportamientos lejos de la igualdad y del respeto que sustentan de fondo muertes así. Y puede que sin quererlo.

Porque el 80% de los jóvenes españoles creen que las chicas tienen que complacer a sus novios y el 60% creen que una chica se realiza cuando tiene novio. ¿No es inquietante que haya un sector social (joven) que piense de verdad que las princesas han nacido para servir a sus parejas, respetarles por el único mérito de ser hombres y llevarles las zapatillas sin aturullarles con problemas?

¿No es preocupante que el 10% de las jóvenes españolas crean normal que su novio las fuerce a mantener relaciones sexuales? ¿De dónde sale esta idea? ¿No será porque el príncipe-troglodita lleva la carne a la cueva y entonces hay que pagar por ella? Y a mí que esto no me suena bien... ¿No es doloroso que un arzobispo justifique el abuso por parte de un hombre si su mujer aborta? ¿Y dónde termina esa bonita relación de pareja? ¿Por qué se permite esta apología de la violencia?
¿Cómo perdura esa idea de que “las mujeres son objetos de posesión”? ¿No será una excusa para que no haga lo que quiero, verdad? A veces se me olvida que tenemos consideración de florero con cualidades. Reproductivas a ser posible. ¿Y si pertenezco no decido? ¿Y si decido? ¿Y si me gusta decidir? Entonces que venga un hombre hecho y derecho a enderezar la situación.

Y valgan estas preguntas (algunas de muchas) como una razón más a las siete que aporta Virginia P. Alonso para que a la violencia machista se la llame violencia machista. Que los trapos sucios no deben lavarse en casa nunca más. Hay trapos que deben airearse y gritar porque no son producto de la familia sino de todos. Y todos somos responsables.

Así que me permito un lujo. De parte de las 60 princesas muertas este año que termina. Hacer preguntas: ¿Qué les pasa a los príncipes que no se enteran? ¿Por qué se sigue perpetuando esto? ¿Cómo nos quitamos de encima tanta corona molesta? ¿Por qué tengo que ser la princesa perfecta para llegar a reinar cuando ha habido tanto rey mediocre? ¿En qué célula se nos ha grabado la teoría de la buena madre (me suena a un tema que he escuchado recientemente en campaña…)? ¿Y la de la buena esposa? Siglos y siglos de entrenamiento.  Luego dicen que son las madres las que perpetúan el sexismo. ¿No será porque son las madres las que, por lo general, siguen pasando más tiempo con los niños? Y los príncipes que pasan de la práctica de coger por los pelos a la princesa y llevársela a la tienda ¿por qué no gritan más? Se les escucha poco, y es una pena.

De parte de estas 60 princesas muertas. Porque desgraciadamente en el 2012 habrá más. Por esas 60 princesas muertas, no deberíamos dejar de hacer preguntas. Yo no.