Mostrando entradas con la etiqueta conciliación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conciliación. Mostrar todas las entradas

Me estoy adaptando

Llega el colegio y muchos ( ¿o más bien muchas?) le meten mano al asunto de la adaptación en la escuela en sus columnas o sus blogs. Y, queridas niñas, la que se está adaptando soy yo. Porque que los niños se tenían que adaptar nos lo habían explicado. Que a mí me parece que el maestro es el que más se tiene que mentalizar con la que se le viene encima es un hecho. Pero que toda la casa y los horarios familiares tenían que plegarse a este feliz periodo, era un asunto relativamente inesperado (ingenua que es una). Así que sí, me estoy adaptando.

Pero sobre todo me estoy adaptando a esta triste sensación de que las únicas medidas de conciliación que hay en la actualidad pasan por tener a los niños más horas fuera de casa, en el colegio o donde buenamente se pueda. "Entretenidos". Que se ha pensado en el aula matinal, en el comedor (del que me beneficio, por cierto), en las extraescolares (que en algunos casos no son para que el niño mejore o haga una actividad que realmente le apetezca, sino para tenerlo distraído hasta que sus padres llegan a casa derrotados). Y venga a sumar horas. Como si la escuela pudiera cubrir todas las horas que nos piden las empresas. Y todos entramos, preocupados (con razón) por cómo cuadrar los horarios en vez de preocuparnos por qué van a hacer nuestros niños en el aula.

Es una dinámica inquietante esta de cargar la conciliación sólo al horario escolar. A mí me lo parece. Faltos de imaginación deduzco (un mal frecuente) , a nadie se le ha ocurrido que igual la palabra conciliación podría tener que ver con poder hacer las dos cosas: no sólo tener hijos sino pasar tiempo con ellos; y trabajar, claro, a ser posible en algo que nos guste (ya me estoy pasando). Con que lo mismo se puede incentivar (fiscalmente se me ocurre) a las empresas que faciliten determinadas cosas, como poder participar del periodo de adaptación en el colegio. Porque creo de verdad que un padre o una madre agradecen sin duda que les den flexibilidad o posibilidad para formar parte de estas cosillas. Trabajador contento, trabajador más eficiente. Que hombre, uno tiene niños para verlos crecer un poco. Sin exagerar, pero habrá que pasar un rato con ellos ¿No?

8 de marzo: Elogio al amo de casa


Queridas niñas. Ya es ocho de marzo: día internacional de la mujer.  Vuestro día. Y a mí, sin ánimo de llevar la contraria, me sale hacer una reivindicación del amo de casa. Sé que existen. Conozco a más de uno, a más de dos e incluso a más de tres. Y no parece que reivindiquen su derecho a quedarse en casa y trabajar en sus labores a bombo y platillo. Me pregunto dónde se meten que no se manifiestan por las calles con carteles que digan “yo también friego, lavo, plancho, pongo la lavadora y todavía sigo siendo un hombre”.  Me pregunto cómo no reivindican su igualdad en las tareas domésticas. El derecho a ordenar los armarios, a hacer la comida todos los días, a “llevar la familia”.

Me lo pregunto porque me parece que no lo hacen por gusto. Ni nosotras. Si no por una cuestión de  deber. Y nosotras.  Me pregunto por qué este empeño de las mujeres por tener trabajo fuera de casa. Porque las mujeres sí han salido a la calle a pedirlo, a reivindicarlo. Y qué obsesión.  Será esa frivolidad que supone la independencia, las opciones. 

“Todas las mujeres trabajan”, leía ayer. “Dentro y fuera de casa”. Así que hoy elogio a los amos de casa. Porque me gustaría escuchar que todos los hombres trabajan, dentro y fuera de casa. Porque creo que sería un pasito a tener en cuenta en este asunto de las igualdades. 

¿Será porque da más lata trabajar dentro que fuera? ¿Será que da menos satisfacciones, que es menos agradecido? ¿Será que no paga la comida ni el piso? Sería todo un debate este. Uno de vuestros tíos dice que estaría encantado de quedarse en casa pero yo creo que lo dice con la boca pequeña. Lo que queremos todos es ser millonarios de familia y que nos lo hagan todo. Y, a ser posible, vivir de las rentas. Solución: jugar al cuponazo.

De momento, los excluidos de la clase pudiente, a seguir con nuestras labores.

No hacemos bonito


Ya me parecía a mí que mi despreocupación por el aspecto no me iba a traer nada bueno. No hago suficiente bonito en la butaca. Seguro que a  Josef Akermann, el presidente del Deutsche bank, no le valgo. A él, como ha manifestado, le encantaría que hubiera más mujeres en el banco y en puestos de dirección porque "lo haría más bonito" y darían "más colorido" a la sala. También podría poner un cuadro expresionista y se ahorraría un sueldo; o una lámina y así el ahorro sería total.

Lo mejor es que dice que son “frases sacadas de contexto” y que es un bromista, porque él es "un gentleman a la antigua usanza" (qué atributos dará al apelativo...). Como Berlusconi, no me diga más. Me resulta familiar la filosofía del florero al formar gobierno. Y ademá Berlusconi también es todo un humorista declarado ("mejor que me gusten las mujeres guapas que los gays"). Un no parar de reír. Me matan con su gracejo.

Y mirado con detenimiento, no está mal pensado. Vamos, que yo pondría en más de un consejo de administración al muchacho aquel del anuncio de coca cola light, porque para bonitos, él.  Y no pasa nada, señor Akermann, porque en concreto en Andalucía, las menos bonitas nos quedamos en casa mejor. O eso quieren el 13% de los encuestados y encuestadas en el último trabajo del IESA sobre conciliación familiar. Y otro 9% que, si no hay más remedio, nos reduzcamos la jornada. No son muchos, pero suficientes. Y lo más maligno: que en dicha encuesta no han contemplado siquiera la posibilidad de que ella sea la que trabaje fuera de casa y él el que tenga la jornada reducida o se quede en el hogar (niñas, no contestéis encuestas donde no estén todas las respuestas posibles; es perverso).

Y las que no, siempre pueden optar a ser hermano/a mayor de una cofradía en Sevilla, que ya se puede por decreto arzobispal. Aunque no deje de ser curioso que en la Iglesia hablen de igualdad pero no predique con el ejemplo, porque sacerdote, oíd niñas, no podéis ser. No es que tenga yo mayor interés, pero ya sabéis esa manía de “poder hacer” que me entra de vez en cuando. Que no sea porque no puedo si no porque no quiero. Y además, hacemos más bonito con mantilla que de romano de la Macarena (o eso dicen algunos en los perfiles cofrades de FB). Dónde va a parar.

Mira que estoy pensando en más de un cargo y más de dos que deberían revisar el vestuario si el criterio que va a primar es el “bonitismo”, Claro que, en el caso de los hombres no es así. Ellos brillan por su inteligencia y saber hacer. Qué cosa más tonta.

Siempre me ha gustado pensar que la mayoría de los hombres prefieren, puestos a elegir, estar con una mujer de más contenido que continente. Pero lo mismo es un pensamiento demasiado femenino. Y lo que de verdad quieren es algo bonito que dé color a su salón. Para eso, vale un jarrón.

¿Quién concilia?


El verano es el mejor momento para disfrutar del periódico y de los suplementos. Ya lo descubriréis vosotras con tanto periódico en casa. Y de vez en cuando se leen cosillas interesantes. El domingo 22 de agosto El País Semanal publicaba un reportaje sobre Noruega con el título "El mejor lugar para ser madre". Pese a que hubiera puesto en el titular "para ser padres", por aquello de ser justos con sus políticas de igualdad, me quedo con un par de frases del texto.

La primera la pronuncia la política Anniken Huitfelt. Durante el tiempo que fue ministra y con tres hijos en casa, los medios solían preguntarle: - "¿Y usted cómo compagina niños y trabajo?". A lo que ella replicaba: "¿Por qué no le van con la pregunta al ministro de Asuntos Exteriores?".- No lo preguntan allí y por supuesto tampoco aquí. No he visto ni una sola entrevista en los medios españoles en la que se le pregunte a un hombre cómo compagina la vida laboral y familiar. Y siempre suele aparecer cuando hablan con mujeres con cargos políticos o empresariales. "Y usted cómo concilia" debería ser pregunta obligatoria en las entrevistas. Así muchos tendrían que "confesar" que gracias a que sus mujeres ponen toda la carne en el asador. Y así quiero creer que también aparecerían padres de referencia que explicarían buenas fórmulas de compartir el cuidado de los hijos. Pero parece que hasta los periodistas asumimos que las que tenemos que repartirnos, compaginar y cuadrar horarios somos las mujeres.

Y fuera de los personajes públicos... siento deciros que he visto a muy pocas personas preguntando a los padres cómo se organizan con los niños cuando acaban de tenerlos (salvo en el caso de que haya separación de por medio). Y con las madres, esa duda aparece mucho, sobre todo con dos de golpe. Y a mí me gustaría que fuera una pregunta tan normal hacia los unos como hacia las otras. Tan común como "salud para criarlas", esa frase que nos dicen si parar por la calle. Puede que sea un afán tonto este de que en la conversación cotidiana de los caballeros entre una frase como esta. Puede que esté más presente de lo que creo; ojalá. Pero me parece que para que algo entre en la esfera de la normalidad no basta con esperar y, a veces, hay que empujarlo un poco.

La otra frase con la que me quedo del artículo es de Martine Aurdal, periodista a punto de ser madre que muestra su preocupación: "(En Noruega) Existe una igualdad casi total hasta el momento en que hay niños. Es el punto de no retorno en el que las mujeres comienzan a trabajar menos, a cobrar menos y a hacer más en la casa". Y eso es en Noruega donde el estado lleva poniendo de su parte décadas. Esta es para meterle un buen centrifugado mental.