La escuela que yo quiero (y más en tiempos de crisis)


La escuela que yo quiero para vosotras no es la que garantiza educación para todos sino la que asegura BUENA educación para todos. Porque no es de mínimos, sino con tendencia a los máximos. Una escuela tan buena que irán hijos de príncipes y taxistas, como en Dinamarca. Una escuela en la que los grandes o los habilidosos ayudan a los pequeños o menos capaces. Porque no es tan importante llegar lejos si llegamos solos y nos dejamos a muchos atrás.

Me gustaría una escuela en la que cupieran todos, en la que la diferencia sea un regalo pese a la dificultad. En la que aprendáis cómo es la vida, que hay niños y niñas, que hay grandes y pequeños, que hay más países de donde vienen más niños, que no todos tenemos las mismas costumbres y no todo lo ajeno es rechazable. Los resultados son importantes (y lo dice una empollona) pero no tanto como para olvidar lo más importante: las personas. Yo quiero una escuela en la que no se os dé por perdidas nunca: cada niño despierta en momentos distintos, y hay que estar ahí para verlo.  

Por eso necesito una escuela con profesores emocionados, respetados y que enseñen de lo que saben. Que os valoren no sólo por vuestras calificaciones. Un lugar donde aprendáis a pensar, a imaginar y, sobre todo, a preguntar. Y lo hagáis con la mente y con las manos. 

 Y la voy a querer pública. Para todos. Aunque yo haya estudiado en un colegio concertado. 

Sé que esto es una carta a los reyes magos. Que la escuela no lo puede todo, que me llevaré decepciones y que a vuestro padre y a mí nos va a tocar mucho también: prometo poner de mi parte. 

En fin, que está el país en pleno debate educativo. Es tiempo de recortes para la escuela. Y a nosotros, el año que viene, nos toca elegir colegio para vosotras.  

Frases perversas

Frase escuchada hoy en el trabajo. "... ya tenemos el número de guarderías que hay en la Universidad para las madres...".  En la Red: "El horario de adaptación de las escuelas trae locas a las madres trabajadoras...". Son frases. No tienen mayor importancia. Pero, a veces, lo más perverso está en la frase más inocente. Parece que siguen describiendo una realidad a la que le cuesta crecer. Esa realidad en la que la conciliación es sólo cosa de las mujeres, en la que el horario de la escuela es asunto de madres.

Yo me resisto a creer que siempre es así, a admitir que la vida sigue siendo de esta manera: me resisto a no incluir a los padres en esas frases; me defiendo tontamente de ellas. Porque por algún sitio hay que empezar.  Porque a vosotras os lleva a la guardería papá. Porque no es el único padre que lo hace y le importa. Porque ellos también tienen que incluirse y pensar en lo bueno que sería tener guarderías en la universidad para poder llevar a sus hijos cerca, porque los hay que comparten el horario de adaptación con sus hijos. Por ellos, por mí y por vosotras. Me resisto y me seguiré defendiendo de todas esas frases perversas.

Leire

Niñas, tal y como se están desarrollando los acontecimientos, olvidaros de ser ministras de sanidad. La cosa se está poniendo difícil. Por lo visto el puesto exige cuerpo escultural y una declaración jurada de que uno practica la dieta mediterránea a diario y se ha quitado de los donuts.  Hay que incluirlo en un anexo del currículum. Lo cuentan en El Mundo, consultando a dietistas y todo. No lo dice así, por supuesto que no, pero recomienda a Leire Pajín, actual ministra del ramo, que se ponga a dieta y pierda de 5 a 10 kilitos. Ahí es nada. Yo he visto la foto de la ministra, y creo que tampoco voy a poder optar al cargo. Pero ya sabéis que me molesta que se os cierren puertas.

Tengo que confesaros que me he quedado un poco sorprendida porque, por más que repaso la lista de ministros sanitarios de la democracia, (Ernest Lluch, Julián García Vargas; Julián García Valverde; José Antonio Griñán; Ángeles Amador; José Manuel Romay Beccaría ; Celia Villalobos; Ana Pastor;  Elena Salgado; Bernart Soria y Trinidad Jiménez) no tenía noticia de que en el Ministerio también  se exigiera el “bonitismo”.

Y creo que todo se debe al mismo ánimo generoso, al mismo deseo de generar interés. En este caso, confluyen dos intereses: el de vender periódicos, que la prensa también está en crisis (pobre Mundo); y un altruista deseo de Pedro J Ramírez por fomentar el interés por la política, que no vive sus mejores días (y seguro que un secreto interés por la salud de la ministra). Aunque yo me decantaría, más que por la dieta, que lo mismo es muy exigente, por otras grandes propuestas.

He pensado en crear una comisión por el fomento de la política que proponga que las parlamentarias midan no menos de 1.70 y vistan obligatoriamente con escote y falda estrecha, que nada de permitir en los actos militares ministras con pantalones (intolerable) y que la mantilla sea indispensable para los actos políticos de envergadura. También creo que el parlamentarismo masculino tendrá que hacer su aportación y que los señores políticos tendrán que vestir pantalón corto apretadito en verano y en invierno, camiseta prieta (pese a los deseos de Bono), y hacer abdominales para lucir tableta, que si no va a haber un sector de la población que no va a ver los debates parlamentarios ni bajo los efectos del alcohol. Claro que habrá que estudiar los casos porque puede que algunos no contribuyan a la atracción por la política sino a la mofa generalizada. Todo sea por la causa.

Aunque tengo que reconocer que la idea no es mía. Me han inspirado los grandes gurús del marketing deportivo. Ideas similares las han propuesto ya para el baloncesto (aunque las jugadoras se han negado a ir con una talla menos para aumentar el interés por su deporte, incomprensible); yo hubiera propuesto que fueran todas rubias, que para las retransmisiones es mucho más vistoso. Lo han pensado también para las jugadoras del bádminton (que tampoco han querido, no me lo explico); y el tenis femenino es más seguido que nunca gracias a las faldas más cortas y a los modelos  enseñando muslo en la cancha.

En fin, que el debate y las ideas están ahí porque está visto que las mujeres por nuestras ideas y méritos no despertamos interés. Que, o nos ponen una buena dosis de buen tipo, carne bien distribuida y modelo que lo acompañe, o no es lo mismo. No damos igual en la imagen, ni en los consejos de dirección ni nada. Y las ministras menos, claro. Ah, pero cuidado. Que si nos pasamos de escote y carne, lo mismo tenemos que aguantar que nos llamen putones, como el señor ex portavoz del Gobierno de Aznar.

PD1: Me pregunto qué pensaba la periodista (sí, mujer) cuando escribía el artículo sobre Leire Pajín. Supongo que le resultaría graciosísimo. Valgan los criterios de oportunidad, interés, rigor, ética e importancia. Que cada uno juzgue, pero dedicar una página a este asunto con lo que cuesta el papel es una lástima.

Números y palabras

Números. Las tragedias están llenas de números.3, 21, 77, 24 , 85, 13.704.  3 han sido los últimos muertos a causa de la violencia machista. 3 hombres, además. 21 años tiene el más joven de los hombres que ha matado a su pareja en lo que llevamos de 2011 en Andalucía. 77 años, el mayor.  13.704, el número de denuncias por maltrato de 2010. 85, el total de mujeres que murieron en 2010. 24, las víctimas muertas en 2011 (ahora, más 3 hombres, parece), como se dice estos días en la red, a manos de alguien que les decía que les quería. Y parece que en estos números sólo hay sumas, las que aumentan un contador que no se detiene.

Menos mal que algunos números no cargan con todo el peso de la tragedia sino que la alivian un poco: 016, el teléfono único de denuncias por maltrato; 28 de diciembre, la fecha de la ley orgánica de 2004 que convirtió este abuso en “delito” .

Palabras. Las tragedias están llenas de palabras. Y de frases. Las que se  dicen y las que se piensan. Mía, mío, tonto, inútil, no vales para nada, no vales nada, cabeza de familia, aquí mando yo, eso no es de hombres, eso no es para una mujer, vergüenza, no te doy permiso, control, dolor, humillación, dolor, lágrima, pena, contradicción, te prohíbo,envidia, posesión, la culpa es  tuya, golpe, delito, más dolor.

Y pasa que todos esos números y palabras se cargan al principio de todo: cuando eres  niño. O niña. Se alimentan por el camino (me inquietan y preocupan estudios que ponen a los jóvenes como protagonistas en casos de la violencia, o como encubridores de comportamientos humillantes, como justificadores de lo
injustificable o simplemente como ejemplos de una cultura en la que hasta el cortejo es agresivo). Y no acaban bien.

Estaría bien que los números cambiaran. Que 21 sea la edad a la que visitéis  Londres, que 85 sean los años que duren vuestros amores, que 77 sea el número de amigos de vuestra pandilla; el 13.704, el de la lotería ganadora y el 016 no haga falta y se convierta en el teléfono del pizzero.

Sólo espero que seamos capaces de cambiar vuestra escena, la que se está construyendo ahora; la que estamos construyendo ahora entre todos. Que para entonces hayan cambiando los números. Y las palabras.

Y que no tengamos esa dolorosa sensación de estar contando/ hablando siempre de lo mismo.
Y sí, hoy también estoy hablando de igualdad. Y de democracia.

Mi democracia real

Mi democracia real es una batalla que empieza cada mañana. Hay veces que no soy consciente pero en el fondo lo sé. Porque comparto lo que comenta Javier Gómez en su artículo de Málaga Hoy de que “la primera rebelión empieza en uno mismo”. Y estos días de acampadas, protestas, descontento, desencanto, y, sobre todo, esperanza me pregunto yo cuánta democracia real practico. A veces es escurridiza. Al menos para mí.

Porque me parece que las fronteras de la democracia son líneas fáciles de cruzar. Cada vez que no votamos, no por convicción, sino porque es mejor un día de playa, se deteriora un poquito la democracia.
Cada vez que fomentamos y permitimos en nuestra empresa prácticas no remuneradas
Cada vez que las aceptamos
Cada vez que contratamos a una persona para que nos ayude con la casa pero sin contrato ni cobertura
Cada vez que empadronamos a nuestros hijos en casa de nuestra tiaabuelamaternasegunda o falseamos los puntos con estudiada picaresca porque los coles que tenemos cerca no nos gustan
Cada vez que recibimos con alegría grandes regalos de las empresas que trabajan para nosotros
Cada vez que aceptamos dinero negro, porque nadie se va a enterar
Cada vez que nos saltamos la vía oficial para que todos nuestros papeles vayan más rápido que los de los demás
Cada vez que un funcionario se aprovecha de su puesto fijo para no sacar todo el rendimiento a su trabajo y dedicarse a los sudokus
Cada vez que malgastamos el dinero público porque “también es nuestro”
Cada vez que no queremos escuchar opiniones diferentes a las nuestras
...
cuando estas cosillas diarias ocurren también se deteriora un poquito la democracia. Porque ninguna democracia es perfecta. La mía tampoco. Sólo creo, espero y confío en que en la democracia en la que vivo seamos capaces de generar mecanismos que vigilen las grietas para que no se derrumbe el edificio.

Espero ser capaz de enseñaros a vosotras (mis hijas) que la libertad de expresión, la honestidad y la participación son los pilares del asunto. Confío en aprender a dejaros hablar y opinar y discrepar y elegir (que me va a costar, lo sé), porque de eso se trata. Me preocupa no saber cómo enseñaros "democracia" . Me preocupa, porque la verdad es que yo hoy también suspendo el examen.

Hasta mañana, que nos espera batallar de nuevo. Como cada día.